«Mandé a mi ingeniero a la mierda… y en la siguiente carrera, Vettel estaba en mi coche»

Scott Speed tenía muchos números para ser ‘la gran esperanza blanca’ de los estadounidenses en F1. El californiano se había venido a hacer carrera a Europa y despuntó pronto. Fue campeón en 2004 de la Fórmula Renault 2.0 Alemania y de la Fórmula Renault 2.0 Europea. Entró en el programa de jóvenes pilotos de Red Bull y hasta probó uno de sus monoplazas en 2005.

Los de las bebidas energéticas le colocaron en un buen equipo en GP2 (el anterior salto a la F1, que ahora es la F2). Corrió con iSport International y concluyó tercero en la general, con cinco podios, una pole y cinco vueltas rápidas.

Así, como una promesa en ciernes, subió a la F1 en Toro Rosso, el equipo ‘filial’ de los austriacos, en 2006. El año fue muy complicado, con un noveno puesto como mejor resultado. Eso no le dio puntos, pues entonces no sumaban los diez primeros, como ahora.

Pese a ello, siguieron confiando en él y permaneció en Toro Rosso en 2007… pero las cosas se empezaron a torcer. Duró diez carreras, donde, de nuevo, su mejor puesto fue un noveno, en Mónaco.

El norteamericano recordó su trayectoria en la Fórmula 1. «Podría haber hecho muchas cosas de forma diferente. No tenía habilidades comunicativas, ni formación real, ni idea de cómo funcionaba el mundo», recuerda en el podcast The Dale Jr Downloaded, que guía el ex piloto de la NASCAR Dale Earnhardt Jr.

El de San José reconoce que todo le vino grande. «Nunca tuve una idea clara de la influencia que tenía como piloto. Simplemente, pensaba que podía sentarme en el coche y ser rápido, pero no sabía por qué», admite.

Tensión en Nürburgring

Speed confesó cómo fue su ‘final’, en el Gran Premio de Europa, disputado en Nürburgring. «Estaba hablando con mi ingeniero cuando se acercó y me preguntó qué había pasado en la curva 1. Pensé: ‘¿Qué quieres decir?’. O sea, ocho coches se habían salido de la pista. Hamilton y Button también se habían salido… así que le dije: ‘Lo mismo que les pasó a todos, fue aquaplaning’. Pero él me dijo: ‘No a todos, sólo a idiotas’. En ese momento, le dije que se fuera a la mierda y me marché. El siguiente fin de semana de carreras, Sebastian Vettel conducía mi coche», relató.

El ascenso de Vettel

Porque paralelamente a estos resultados, emergió un chaval que había debutado con BMW después de que Robert Kubica tuviera un fuerte accidente en Canadá. Vettel fue llamado y corrió con ellos en Indianápolis, donde quedó octavo y sumó un punto. Así, Red Bull contactó con él y le subió al Toro Rosso en Hungría por Speed. Fue 16º, pero cinco carreras después, en China terminó cuarto. Ni que decir tiene que el germano se ganó el puesto y fue renovado en Toro Rosso para 2008… cuando logró la proeza de ganar una carrera en Monza. Red Bull ya le tenía amarrado y en 2009 lo subió a su equipo ‘principal’. Con ellos ganó cuatro títulos mundiales… y nadie se acordó de Speed.

Los arrepentimientos de Speed

Scott, ahora, reconoce que todo se le fue de las manos por su culpa. «Sólo era un chico arrogante. Pensaba que podía decirle algo así al director del equipo (Franz Tost) y que todo estaría bien, pero no fue así. Simplemente, no tenía la capacidad de entender lo que se necesitaba para tener éxito a ese nivel», aseguró.

Posteriormente, volvió a su país y compitió en la NASCAR, la IndyCar o en la Fórmula E, pero con escaso éxito. En 2021 dejó de competir. Eso sí, Red Bull le siguió, y sigue, patrocinando y llamando para hacer exhibiciones con sus coches.

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